Ni los dos metros de los gigantes pudieron frenarlo: ¿Quién fue el jugador más bajo en la historia de la Champions League?

En un deporte de "armarios" de 100 kilos, un central sueco de apenas 1,66 metros rompió todos los esquemas, llegó a lo más alto de Europa y cambió el manual del handball para siempre.
La pregunta surge cada vez que un jugador de baja estatura descolla en una cancha: ¿hasta dónde se puede llegar sin la ventaja de los centímetros? La respuesta tiene nombre y apellido: Ljubomir Vranjes. Con una estatura oficial de 1,66 metros, el sueco se mantiene como el jugador más bajo en haber pisado (y dominado) la EHF Champions League.
Mientras el handball moderno evolucionaba hacia atletas de proporciones físicas imponentes, Vranjes hizo del “ser bajo” su mayor arma de guerra. Su centro de gravedad, pegado al suelo, le permitía una explosividad en la finta que resultaba indescifrable para los bloques defensivos de la Bundesliga y la Liga ASOBAL.

A lo largo de su carrera en clubes como el Redbergslids IK y su paso por el balonmano español, Vranjes demostró que el espacio entre las piernas de un defensor de dos metros es tan grande como una autopista si tenés la velocidad suficiente. No solo jugó la Champions, sino que se convirtió en un referente táctico, coronando su romance con el torneo en 2014, cuando levantó la “Orejona” como entrenador del Flensburg.

Hoy, en un circuito donde brillan figuras “bajas” como Luc Steins (1,73 m) o Erik Balenciaga (1,68 m), la sombra de Vranjes sigue siendo la más larga. Su récord de 1,66 m no es solo una estadística de altura; es el testimonio de que en el 40×20 de elite, el tamaño del corazón y la rapidez mental no se pueden medir en centímetros.
Con este precedente, el debate queda cerrado: en el handball, el que es bajo no es porque le falta altura, sino porque le sobra velocidad para pasar por donde otros no pueden.
