El Panamericano que Argentina jugó sin salir del hotel

La cancha estaba dentro del Sheraton de Atlanta: los jugadores bajaban en medias, con las zapatillas en la mano, para disputar los partidos.
Antes de la creación de la Confederación Sur-Centro (Coscabal), el handball continental se encontraba bajo la órbita de la Federación Panamericana. En ese contexto, una generación de jóvenes argentinos vivió una experiencia tan particular como inolvidable durante un torneo disputado en Atlanta, Estados Unidos.
La Selección había conseguido la clasificación después de disputar el Sudamericano de Cascavel, Brasil. Argentina terminó en el segundo puesto tras caer frente al conjunto local por apenas un gol y obtuvo su boleto al Panamericano junto con Brasil y Chile.

En Atlanta también participaron seleccionados como Colombia, Estados Unidos, Canadá y Puerto Rico. Sin embargo, lo que convirtió al campeonato en una experiencia única fue su escenario: los equipos se hospedaron en el Sheraton Gateway y la cancha estaba ubicada dentro del mismo complejo hotelero.
Los jugadores podían abandonar sus habitaciones y dirigirse caminando hacia el campo de juego. Uno de los integrantes de aquella Selección conserva la imagen de recorrer los pasillos en medias y con las zapatillas en la mano antes de cada partido.
El hotel también contaba con espacios destinados a conferencias, una pileta climatizada que conectaba el interior con el exterior y diferentes servicios que provocaron que la delegación argentina prácticamente no necesitara abandonar el establecimiento. Incluso llegaron a bañarse mientras nevaba y los copos caían sobre sus cabezas.
La única salida del equipo fue antes de la semifinal, cuando visitaron el centro de Atlanta, la sede de CNN y la zona de la histórica fábrica de Coca-Cola.
En aquel plantel aparecían jugadores como Crevatín, Matías Schulz, García, Bruno Ferrari y Pablo Portela, integrante de una generación conformada principalmente por handbolistas nacidos entre 1980 y 1981.
Más allá de los resultados deportivos, aquel Panamericano quedó marcado por una organización y un escenario difícil de repetir: un torneo internacional que Argentina pudo disputar prácticamente sin salir del hotel.
