Conociendo raíces

Don Bosco Handball: la historia del club que se negó a desaparecer

Don Bosco Handball: la historia del club que se negó a desaparecer

A partir del testimonio de Nicolás Pérez, histórico jugador y entrenador, reconstruimos el recorrido de Don Bosco Handball, un club del handball argentino que transformó cada crisis en identidad y cada pérdida en sentido de pertenencia.

La historia de Don Bosco Handball no puede contarse solo con resultados deportivos. Es, sobre todo, una historia de supervivencia institucional. Un recorrido marcado por mudanzas forzadas, conflictos externos, canchas improvisadas y grupos humanos que eligieron quedarse cuando todo indicaba que era más fácil irse.

Hasta mediados de 2022, el club entrenaba y competía en la Sociedad de Fomento Villa Don Bosco, en Ramos Mejía, un espacio conocido como “La Maderera”. Allí se había construido gran parte de la vida deportiva de la institución dentro del circuito del handball metropolitano. Pero ese ciclo se cerró de manera abrupta, en medio de situaciones complejas que derivaron en una salida conflictiva. Don Bosco se quedó sin sede y con un futuro incierto.

Don Bosco Handball: la historia del club que se negó a desaparecer

Primera mudanza: Bomberitos y el inicio de la reconstrucción

La primera mudanza fue a Bomberitos. El club tuvo que rearmarse, pero la esencia debía ser la misma. Lo que parecía un retroceso terminó siendo un punto de partida. Bomberitos era un club golpeado por la pandemia, con poca actividad, y Don Bosco llegó con volumen deportivo, equipos completos y un proyecto activo. En esa primera mudanza se habían perdido menos de diez jugadores, una cifra mínima para el contexto.

Durante lo que quedaba de 2022, la comunidad del handball se puso al hombro el espacio: se arregló y pintó la cancha inferior, que se transformó en el lugar de entrenamiento y competencia. Ese mismo año, los resultados deportivos acompañaron el esfuerzo: el equipo de Caballeros ascendió a Primera. Con ese logro, el club pudo tener a sus dos equipos mayores en esa categoría. Además, las Inferiores compitieron en la C con protagonismo en los primeros puestos.

Consolidación y una nueva pérdida

En 2023, Don Bosco se consolidó en Bomberitos, tanto desde lo deportivo como desde lo estructural. En paralelo a la competencia, se trabajó en la recuperación de una cancha superior, reacondicionada con tareas de pintura, reparación y remodelación. Ese espacio se transformó en un símbolo: una cancha levantada con trabajo propio, un territorio ganado con esfuerzo colectivo luego de lo vivido en La Maderera.

Despues de lo vivido y pareciendo que ya habia tranquilidad, lamentablemente, la estabilidad volvió a ser efímera. En 2024, el club recibió una nueva noticia inesperada: debía abandonar Bomberitos por la llegada de un SportClub y la incorporación del futsal. Don Bosco volvía a quedarse sin espacio, sin horarios y sin sede fija.

Don Bosco Handball: la historia del club que se negó a desaparecer

Entrenar sin cancha: la fábrica como gimnasio

La pretemporada de 2024 se convirtió en una postal extrema de la identidad del club. Para sostener la preparación física, los equipos mayores comenzaron a entrenar en la fábrica de uno de los jugadores. Lejos de desarmarse, el grupo respondió con presencia casi total. Hubo menos bajas que en la primera mudanza e incluso se sumaron nuevos jugadores. El proyecto seguía vivo aun sin cancha.

Huracán de San Justo y el exilio competitivo

El nuevo destino fue Huracán de San Justo. Allí el club encontró un entorno humano favorable, pero las condiciones iniciales distaban de ser reglamentarias: se entrenaba en un gimnasio de baby fútbol, con promesas de ampliación futura. Para competir oficialmente, Don Bosco debió alquilar cancha en Larre, viajando entre 45 minutos y una hora cada fin de semana para hacer de local.

Esa situación, lejos de debilitar, fortaleció el compromiso del grupo: el equipo viajaba igual, jugaba igual y competía igual. Con el tiempo y mucho esfuerzo, el club logró construir un playón propio, permitiendo que al menos las Inferiores pudieran volver a ser locales.

Resultados deportivos en medio del caos

En 2023, los Menores Caballeros fueron campeones anuales invictos, clasificando por primera vez a un Torneo Nacional de handball.
En 2024, a pesar de todas las dificultades logísticas, el club viajó a Viedma y se consagró campeón nacional, escribiendo una de las páginas más importantes de su historia formativa.

Ese mismo año, las Inferiores quedaron cerca del ascenso a la B, mientras que Mayores Caballeros A descendió a Segunda División en pleno proceso de recambio generacional. Aun así, Don Bosco logró clasificar también a dos Nacionales adicionales: Juveniles Damas y Cadetes Caballeros.

El 2025, el mejor año de la institución hasta ahora: locales nuevamente, se abrieron por primera vez tres equipos en promocional (menores damas b, cadetes caballeros b y mayores c intermedia), campeones Nacionales juveniles damas, subcampeones Nacionales cadetes caballeros, ambas inferiores lograron el ascenso a la B, mayores damas ascenso a Liga de Honor Plata y, como algo sumamente increíble, ahora Don Bosco cuenta con dos canchas. Un gimnasio techado y un playón. Nicolás nos cuenta:

En 2025, comenzaron las obras para agrandar el gimnasio y poder jugar todos ahí. Y a mitad del apertura lo logramos, una vez mas con muchísimo esfuerzo de los padres, de los profes y de los chicos.

Don Bosco Handball: la historia del club que se negó a desaparecer

Presente y proyección

Hoy, en 2026, ambas tiras de inferiores compiten en la categoría B.
El equipo de Mayores Damas logró el ascenso a Liga de Honor Plata.
El club supera los 250 jugadores y jugadoras activos, una cifra que contrasta con los años en los que no había ni cancha ni horarios estables.

Ese crecimiento se explica por una base humana sólida: coordinación, entrenadores, comisión de padres y deportistas que sostuvieron el proyecto incluso en los momentos más críticos.

Una identidad forjada en la adversidad

Soy profe hace 10 años, pase por casi todas las categorías pero siempre estuve con caballeros, estuve en minis con los que hoy son juveniles y los tuve desde chiquitos. En lo personal, este año estoy cumpliendo un sueño, jugando con los primeros minis del club, que son alumnos míos desde ahí.

Esto nos relata Nicolás, que cumple su sueño y comparte cancha con jugadores que lo vivieron todo y saben lo que es pertenecer a Don Bosco.

La identidad formativa del club se construyó desde abajo. Las categorías formativas fueron siempre el eje del proyecto. El perfil del jugador de Don Bosco se moldeó en la adversidad:
carácter, entrega, agresividad defensiva, ritmo alto y sentido de pertenencia.
No es solo un modelo táctico: es una cultura deportiva.

Don Bosco Handball no se define por una cancha ni por una categoría. Se define por su gente.
Por profesores que pintaron pisos.
Por padres que arreglaron arcos.
Por jugadores que entrenaron en fábricas.
Por equipos que viajaron horas para ser locales.

La institución se sostuvo cuando estuvo cerca de desaparecer y creció cuando parecía imposible hacerlo.

Hoy, cada partido que juega Don Bosco Handball lleva encima todo ese recorrido.
No es solo un equipo compitiendo: es un club que aprendió a existir sin garantías, que se formó en la intemperie y que convirtió la resistencia en su mayor patrimonio.

Porque cuando un club pierde su casa pero no pierde a su gente, deja de ser un lugar físico para convertirse en una identidad.
Y Don Bosco Handball, después de todo lo vivido, ya no es solo un club:
es una historia que se juega cada fin de semana.

Lo más leído de la semana

TodoHandball es el único diario digital de América dedicado exclusivamente al handball. Noticias, análisis editorial, mercado de pases, cobertura de selecciones y competencias continentales e internacionales.

Seguinos