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Mathias Gidsel reveló el método de cuatro fases que cambió su manera de jugar al handball

Mathias Gidsel reveló el método de cuatro fases que cambió su manera de jugar al handball

El jugador danés explicó cómo dejó atrás las supersticiones y aprendió a manejar la presión, los errores y la recuperación mental entre partidos.

Mathias Gidsel, una de las grandes figuras del handball mundial, compartió una reflexión sobre la preparación psicológica y la importancia de desconectarse del deporte para mantener un rendimiento constante durante toda la temporada.

El internacional danés reconoció que durante mucho tiempo creyó que sus buenas actuaciones dependían de pequeños rituales, como comer pasta al pesto antes de jugar, escuchar determinadas canciones durante el viaje al estadio o elegir qué zapatilla ponerse primero.

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Sin embargo, después de afrontar temporadas con alrededor de 80 partidos al año, descubrió que la clave de su rendimiento no estaba en las supersticiones, sino en aprender a gestionar su preparación, la competencia y los momentos posteriores a cada encuentro.

El método de cuatro fases que utiliza Mathias Gidsel

El cambio llegó cuando Gidsel comenzó a aplicar un protocolo desarrollado por el psicólogo del rendimiento Martin Langagergaard, conocido como The Performance Wheel (la rueda del rendimiento).

El modelo divide la actividad del deportista en cuatro etapas que permiten organizar tanto la preparación como la recuperación mental.

1. Preparación antes del partido

La primera fase consiste en preparar el cuerpo y la mente para competir. El objetivo es reducir las distracciones, establecer una rutina clara y llegar al encuentro en las mejores condiciones posibles.

2. Durante el partido

La segunda etapa se concentra en la ejecución bajo presión. En lugar de quedarse pensando en un error o una acción anterior, el jugador debe mantener la atención en la siguiente jugada.

3. Cierre del partido: la regla de las 24 horas

Una de las herramientas más importantes para Gidsel es su denominada regla de las 24 horas.

El principio consiste en permitirse procesar emocionalmente lo ocurrido durante un máximo de un día, tanto después de una victoria como de una derrota.

Una vez transcurrido ese período, la prioridad es analizar los hechos, aprender de los errores y cerrar mentalmente el encuentro para evitar que una mala actuación afecte al resto de la semana.

4. Desconexión y recuperación

La última fase consiste en alejarse del handball para recuperar energía mental.

Entre las actividades que aparecen en el modelo se encuentran jugar al golf, compartir tiempo con amigos y evitar permanecer constantemente pendiente del teléfono.

La idea es que el descanso no sea visto como una pérdida de tiempo, sino como una parte fundamental de la preparación para el siguiente compromiso.

Gidsel: pensar en handball todo el día no significa jugar mejor

En su publicación, el jugador danés reconoció que disputar tantos encuentros durante una temporada le permitió comprender la importancia del equilibrio psicológico.

Durante años creyó que mantenerse enfocado en el handball durante las 24 horas era una señal de compromiso. Con el tiempo, descubrió que esa exigencia permanente podía convertirse en una carga mental.

El sistema de cuatro fases le permitió establecer límites más claros entre la competencia, el análisis de sus actuaciones y su vida personal.

Especialmente importante resulta la capacidad de dejar atrás un mal partido y evitar que la frustración se traslade a los entrenamientos o compromisos posteriores.

Una nueva reflexión en The Gidsel Circle

Gidsel anunció que profundizará en esta experiencia a través de una nueva entrega de The Gidsel Circle, su espacio personal en el que comparte aspectos de su carrera que habitualmente quedan fuera de las cámaras.

En esta publicación abordará cómo incorporó el protocolo de cuatro fases a su rutina, de qué manera consigue recuperarse entre partidos y qué consejo le daría a su versión de 15 años.

También adelantó que explicará el motivo detrás de las llamativas zapatillas de color naranja que viene utilizando en la cancha.

Más allá de los resultados deportivos, el testimonio de Gidsel pone el foco en un aspecto cada vez más relevante en el handball profesional: la preparación mental, la gestión de los errores y la necesidad de desconectarse para sostener el rendimiento a largo plazo.

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