Desde el banco

Nueva escuela: juego, problema, decisión y autonomía

Nueva escuela: juego, problema, decisión y autonomía
Imágen creada con IA

En contraste con los enfoques más directivos, en las últimas décadas se consolidó una manera diferente de pensar la enseñanza del handball. Una pedagogía que coloca en el centro al juego como situación significativa, al problema como motor de aprendizaje, a la decisión como núcleo del rendimiento y a la autonomía como horizonte formativo.

Aquí el entrenador no desaparece, pero su rol se redefine. Ya no es únicamente quien indica y corrige, sino quien diseña contextos de aprendizaje. Propone situaciones abiertas, juegos reducidos, escenarios que obligan a leer, interpretar y decidir. El entrenamiento se parece menos a una secuencia cerrada de ejercicios y más a un espacio de exploración guiada.

En términos teóricos, esta perspectiva se acerca a lo que Fenstermacher denomina el enfoque del terapeuta: el docente —o entrenador— como figura empática que acompaña procesos de crecimiento. La enseñanza no se limita a transmitir contenidos, sino que busca favorecer el desarrollo integral del jugador, su comprensión del juego y su capacidad para actuar con sentido.

Desde esta mirada, la técnica no se entrena aislada, sino integrada al contexto real del juego. La toma de decisiones no se enseña explicándola, sino viviéndola. En palabras de Julio Velasco:

“Para la mejora de la toma de decisiones, se utilizan más estructuras de parte del juego, o de todo el juego, y se entrena la técnica en ese contexto.”

El juego deja de ser la aplicación final de lo aprendido y se convierte en el propio espacio de aprendizaje. El error no es una falla que debe eliminarse rápidamente, sino una oportunidad para ajustar, comprender y mejorar. La comunicación cambia: aparecen las preguntas, las devoluciones colectivas, los momentos de reflexión compartida.

En el ámbito específico del handball, esta idea ha sido sintetizada con claridad por Manolo Lagunas:

“Los jugadores se hacen jugando.”

La frase es simple, pero profunda. No se trata solo de jugar mucho, sino de aprender en situaciones que conservan la lógica interna del juego: oposición, cooperación, incertidumbre, decisión.

Esta pedagogía busca formar jugadores capaces de interpretar lo que sucede, adaptarse a lo imprevisto y asumir responsabilidad dentro del equipo. La autonomía no significa ausencia de conducción, sino un tipo distinto de liderazgo: uno que orienta sin anular, que interviene sin asfixiar.

Sin embargo, este enfoque también exige condiciones. Requiere tiempo, paciencia y una alta capacidad de lectura por parte del entrenador. Implica tolerar cierta incertidumbre y aceptar que el aprendizaje no siempre es lineal ni inmediato.

La pregunta ya no es solo cómo corregir mejor, sino cuándo intervenir y cuándo esperar. No es solo qué jugada enseñar, sino qué tipo de jugador queremos formar.

Tal vez el desafío no sea elegir entre vieja o nueva escuela como opciones excluyentes, sino reconocer que cada decisión metodológica que tomamos expresa una concepción sobre el aprendizaje, el juego y el rol del entrenador.

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